La mayoría de los procedimientos penales no son delitos económicos de despacho: son un accidente de tráfico con resultado de lesiones, una discusión que acaba en denuncia, un control de alcoholemia, una acusación de violencia doméstica o un registro de dispositivos que se sale de madre. Ahí se juega la libertad y los antecedentes de una persona, y la defensa empieza en la primera declaración, no en el juicio.
Cuándo actuamos
- Asistencia en detención y primera declaración, en dependencias policiales o ante el juzgado de guardia, donde se fija buena parte de lo que después ya no se puede corregir.
- Delitos contra las personas: lesiones, amenazas, coacciones y delitos contra la libertad.
- Delitos contra el patrimonio: hurto, robo, estafa, apropiación indebida y daños.
- Seguridad vial: conducción bajo la influencia de alcohol o drogas, conducción sin permiso y exceso de velocidad penalmente relevante.
- Violencia de género y doméstica, con la rapidez que exigen los juzgados especializados y la coordinación con las medidas de protección.
- Delitos contra la salud pública y tráfico de drogas en sus distintas modalidades.
- Delitos informáticos: acceso ilícito, daños informáticos y usurpación de identidad.
Cómo defendemos
- Estrategia desde el primer día, no desde la apertura de juicio oral: lo que se declara al principio condiciona todo lo que viene después.
- Análisis honesto de la prueba de cargo, y de si conviene negociar una conformidad o ir a juicio.
- Acusación particular cuando la víctima es nuestro cliente, para asegurar tanto la condena como la responsabilidad civil derivada del delito.
- Recursos, ejecución de la pena y beneficios penitenciarios cuando proceden.